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Terra
La Coctelera

ARENA DE TIERRAS (a Susana)

Tierra de encuentro que llegó bailada al viento,
sin fronteras ni banderas, recordando el paso del tiempo,
tierra de pasto y caminos que el soplo raso trajo conmigo,
arena de huerta, mimadora de sentidos.

Tienes la tierra que la furia no derrotó ni huellas borró,
arenas de oro que el precipicio mediterráneo soñó,
llevas la tierra encarnada - a fuego marcada -,
y la dorada robada sin perdón.

Toma el polvo volcánico de playas desiertas
la caliza de la ahogada y erosionada serranía viva
levanta un castillo en la tierra prometida
y araña y lucha por tierras campesinas.

Tanto perdimos la que levantó el viento,
la esclava y olvidada del Sahara tierra adentro,
- como la soñada y la anegada -, madre de restos,
hija de miedos y tierra de necios.

Lejos de tierra de paso, lejos del olvido,
eres la clave en un amigo, soy testigo de tu destino.

SARA
15 febrero 2002

EL PUENTE DE TOPA

Existe un lugar al que se llega por un puente de topa, el lugar donde se esconden secretos y hechizos y donde se cargan las sacas de gracias que regresan de tan lejano mundo. Tunchis y porteadores se suceden en una flotante construcción siguiendo el paso que les enseñaron las hormigas. Cargan sin peso besos y risas que brotaron en pobreza y que recuerdan una fábula de alegría, un cuento sin moraleja y una historia para contarte. Existe un lugar al que se llega por un puente de topa. El paso está abierto. No existen fronteras ni exigencias.
Sara (verano 2004)

VAMOS QUE NOS VAMOS

PARÍS 2000

MIÉRCOLES DÍA 6

Superadas las turbulencias del avión llegamos al aeropuerto donde David nos espera. Cargando bultos nos dirigimos al hotel Candide en 3 Rue de Petion. Primeras palabras en francés. Tras la instalación comienza un día de pateo y alucine. París es majestuosa. La gente nos parece un poco estirada pues pocos son los que nos indican con educación por dónde ir. Por fin estamos en París. El atontamiento pasa rápido y comenzamos a movernos como pez en el agua. Más bien Mayka y María guían los paso de la ruta. ¡No hay quien les quite el mapa!. Plaza de la Bastilla, una verde biblioteca (encontramos al primer paisano), Sena y búsqueda de los Jardines de Luxemburgo. Mayka se encarga de preguntar a los franceses del lugar (hay que ver...!). Ya debe de tocar el cambio de mochilas...

Camino de los jardines de Luxemburgo topamos por casualidad con el Panteón. ¿Estará aquí la Tumba de Napoleón? NOOOO. Aprovechamos un hueco en una columna para comer, algo que será habitual en el viaje. Frente al Panteón la Univ. de Medicina y de Derecho nos fascinan aunque no tanto como los árboles blancos de Navidad. Toca rodar un spot navideño. Los Jardines de Luxemburgo están cerrados. La Gendarmerie francesa acecha nuestros pasos pese a que todavía París no nos ha convertido en delincuentes. Buscamos desesperadamente el Barrio Latino. Se supone que lo encontramos y nos decepciona un poco. Más tarde nos asombraremos al descubrir un barrio cosmopolita lleno de color, culturas y lenguas. Junto al Sena el Barrio Latino centellea en París, la nuit.... Mimos, espectáculos artísticos, venta de flores y el acoso de los relaciones públicas nos rememora las míticas noches de cabaret francés.

Sigue la ruta y otra vez por casualidad La Sorbona se abre a nuestro paso (Cristina alucinaría). Abajo el Palacio de Justicia con su abeja y junto a él la Capilla Sixtina, ay, perdón, la Santa Capilla. Como ya ha anochecido la dejamos para otro día. Nos damos cuenta de que será difícil seguir la ruta establecida. Paseamos por el Sena. El jorobado de Notre-Dame nos saluda al llegar a la lúgubre catedral. Hace frío y llovizna. Es preciosa, sobre todo las gárgolas... eh Yolanda?. Por fin llega la gran frase del viaje... Igor cojones! Seguimos paseando por el Luvre a orillas del Sena. Se pierde la vista al contemplare el Museo. Junto a él la Concergerie que esconde la Guillotina que decapitó a Mª Antonieta y a Robespierre. Ya es tarde y nos encaminamos hacia el hotel. Los escaparates de la ciudad anuncian la Navidad. Por parisinas callejuelas estrechas nos dirigimos hacia la Plaza de la República para pegarnos la gran caminata por el Boulevard Voltaire. No hay quien encuentre el hotel. Nos tocará hacer noche en la calle. Tras un poco de congoja se hace el milagro y el hogar nos protege del frío y del cansancio. Menudo cachondeo.

DÍA 7 JUEVES

Bon jour, París!
Pensamos coger fuerzas en el desayuno y arramblar con algún que otro panecillo francés, pero el camarero recuerda a Yolanda Bea: “sandwich no”. Serán estirados estos franceses. Robamos los primeros mapas en el hotel. Parece que la cosa empieza a gustarnos. No podemos creernos que estamos en París. En la calle llueve pero nada detiene nuestros pasos (1,2,3,4, paso ligero, yo te lo mando...). Un artista nos da los buenos días cantando la canción de “Aquellos Maravillosos Años”. Le hacemos los coros pero Sara no pasa la boina por miedo a que los pollos que debe de llevar en la cabeza empiecen a saltar de un lugar a otro.
El metro parisino apesta, está sucio y huele a.... Es un poco peligroso y las paradas se quedan desiertas en segundos pero aún no hemos probado el riesgo de la ciudad subterránea. Tras algún que otro transbordo llegamos a Notre-Dame donde empieza nuestro segundo día de ruta. La catedral esconde los secretos de Víctor Hugo. Imaginamos a la gitana Esmeralda bailando a orillas del Sena. Las palomas alimentadas por vagabundos dan color al cuento.
Nuestra siguiente parada es el Palacio de Justicia y la Santa Capilla. Cuentan que un grupo de españolas a grito pelado organizó un grupo para sacar descuentos. Allí estaban 33 españoles colándose y ahorrándose unas pelillas para sorpresa de los franceses. Viva España! La rubia hace de guía pero la taquillera hace fracasar nuestros planes. Da igual, por lo menos hemos vivido eso de “hacer patria”. Las cristaleras de la Santa Capilla resumen la historia bíblica. “Con una sola pedrada montaríamos otro espectáculo”, apunta María.
Oh lala, magnific! El Luvre es inmenso. Recorremos sus jardines y llegamos al Museo de Orsay, donde sus paredes albergan obras de Van Gogh y del impresionismo. Junto al río mini-bibliotecas anuncian que en otros tiempos los escritores bohemios y revolucionarios compraban historias para luego narrar otras. La Bolsa de París, las Galerías Lafayette y la Plaza Vendame. El lujo de Versace, Armani y el Ritz armonizan con una plaza empedrada y húmeda. Comemos en la Madeleine. Menos mal que la encontramos que si no...! Un obelisco egipcio se eleva en medio de la Plaza de la Concordia. Sería imposible recorrer esta plaza. La lluvia se detiene mientras vemos el Petit Palau y el Gran Palais, entre otras cosas (ZWQXVK). Ya podemos decir que lo hemos visto todo en París.
Avanzamos por la Avenue Des Champs Elysees con la vista en el Arco del Triunfo. Espíritu navideño. París es la ciudad de la luz. Lo comprobamos una vez más al subir al Arco del Triunfo. La vista de la capital es hermosa. Las principales avenidas confluyen en el monumento triunfal desde el cual vemos la Torre Eiffel, indicando que ya queda poco para finalizar el año dos mil. Será nuestra próxima parada. Desde Trocadero el principal símbolo de París es el pilar que sostiene el cielo. A Yolanda Bea se le corta la respiración.
El Batubus navega por aguas parisinas al compás de la música de acordeón y violín. Los emblemas de la ciudad quedan a ambos lados de la ciudad. El Museo de Orsay, la Academia Francesa, Notre-Dame, el Hotel de la Ville, la Ille de la Cité.
De regreso al hotel conocemos la ciudad subterránea que descansa bajo París. Un mundo lúgubre y peligroso que nos envuelve y nos incita a delinquir. En la memoria guardaremos las coladas en el metro, el dolor de espinillas, el cague de Yolanda Bea, la emoción del riesgo, la intensidad de Yolanda Rubio, las carcajadas por los nervios... nos pillarán?, y el sentimiento de vivir al filo de la navaja...
Cabe destacar que a las 5 de la mañana a María y a Yolanda se les ocurre despertarnos con una pequeña broma: “se os han parado los relojes?... pues ala, a dormir...” Esto es surrealista. Mañana será otro día. La ciudad duerme.

DÍA 8 VIERNES

El viernes, ya en el ecuador del viaje (¡qué viaje nos estamos pegando!) lo dedicamos a visitar Versalles. El Palacio y sus enormes jardines recuerdan el lujo de la monarquía y la miseria de la plebe. Fuentes, estátuas, jardines y cuadros, sobrecargado el palacio nos abre sus puertas por la Sala de los Espejos, donde nos marcamos un valls para gusto de los visitantes. Las fiestas de Palacio, las alfombras persas, los jarrones orientales no nos hacen olvidar el olor a cuadra mientras descansamos sobre las butacas de los salones. Tras pagar por hacer un pis (¡qué vergüenza!) y las prisas de Sara por llegar al siguiente destino, nos comemos un bocata de pamplonés en el metro. El olor español es mejor que el de Palacio. Allá vamos, Barrio de Montmartre, la bohemia francesa nos espera.
Un barrio bohemio de callejuelas y hiedra en las paredes. Pintoresco, típico barrio de París. Como en la mejor postal los pintores regalan sus ilusiones. La Plaza más famosa de la ciudad se esconde rodeada de cafeterías de madera iluminadas. Es un lugar donde se sueña con otros tiempos, donde Dalí dejó sus pinceladas y los artistas hacían florecer una cultura universal, donde las estufas calientan un ambiente de fantasía. El Sacre-Ceur domina la capital. En sus escaleras los estudiantes hacen sonar timbales y guitarras.
Souvenirs, artículos de coña, coñas marineras,. Las compras nos vuelven loquitas hasta que recobramos el sentido y descendemos camino del Moulin Rouge, una avenida de sex shops, espectáculos eróticos y demás. Vamos, que estamos en nuestra salsa. Es broma!
Por la noche recorremos de nuevo el Barrio Latino y decidimos cenar en un griego. No podíamos abandonar París sin sufrir un pequeño timo. No importa pues la cena ha sido de lo más esperpéntica. Yolanda Bea cena lo que puede. A la hora de los postres explota la risa de todas. La pastisserie de María y el postre de Yolanda Rubio son surrealistas. Yolanda Rubio está hasta las narices del formage... Paseamos disfrutando del ambiente y tomamos una copa en un pub con buena música sin olvidarnos de hacer una visita a nuestro amigo el de la “cucaracha”... Ridículo pero qué importa, aquí no nos conoce nadie. Con la panza llena (unas más que otras) regresamos a dormir. Sabemos que mañana será nuestro último día en París. Grabamos un momento íntimo en el hotel.

DÍA 9 SÁBADO

No podíamos abandonar París sin corrernos una buena juerga y subir al último piso de la Torre Eiffel. Más deseos cumplidos. David nos espera o más bien desespera bajo la Torre. Superando el vértigo de alguna y a pie hasta el segundo piso subimos hasta el final. La vista es monstruosa. Nos damos cuenta del pateo que nos hemos pegado durante el viaje al ver desde lo alto dónde están situados los monumentos. Es fantástico estar en París. La Defense es nuestro próximo objetivo (si no vamos María nos mata). Un paisaje diferente al que estábamos acostumbradas. La modernidad también distingue a la ciudad. Una tremenda tromba de agua de 5 minutos nos moja totalmente. Teníais que ver a Yolanda Bea intentándose resguardar de la lluvia con un paraguas totalmente plegado. Toda una imagen. Añadimos a la lista de la mala suerte la huelga del metro. Llega el caos pero se hace la luz al llegar al Hotel de la Ville. Las fuerzas empiezan a flaquear pero aún nos quedan esfuerzos para ver el centro George Pompidou y ... “la han cagat, la han cagat!”... Bien valen 800 pelas un café con silla y servicio. Hubiésemos pagado lo que fuera. También hubiésemos pagado lo que fuera por una fondee pero los sábados el Barrio Latino está completo, por lo que cenamos, lo reconocemos, en un italiano. Y no cenamos nada mal.... verdad Yolanda? Había que coger energías para la última noche en París, la cual merece una mención especial.

ÚLTIMA NOCHE EN PARÍS

Bien perfumadas pero con ojeras y prometiéndonos que a la hora señalada estaríamos en el hotel para ir al aeropuerto la peña se dispone a pasar una noche de juerga. Hay una baja en el equipo pero alguien se tenía que quedar de guardia. El metro despierta nuestros sentidos y ristre en mano volvemos a colarnos en los andenes hasta que a la 1 nos tiran literalmente. Pensamos que venían por nosotras y aparecemos no sabemos dónde, sin transporte y con un canguelo que pá qué! Un taxi ilegal nos propone sacarnos del lío para tal vez meternos en otro... Otro no nos quiere coger porque somos cuatro y al final después de mucho rezar un buen hombre nos coge para llevarnos a Shanon, pub estupendo en Montparnasse donde David y sus amigos erasmus nos esperan. Cervecillas y risas, bailes y demás.

ADIÓS PARÍS

De vuelta ya al hotel hacemos las maletas y partimos rumbo aeropuerto de Orly. Misión cumplida. Embarcamos maletas (por fin nos las quitamos de encima!). La coja llega como puede. Grabamos las últimas imágenes de despedida en la cámara, gastamos la calderilla suelta y cogemos el vuelo con destino Valencia. En el avión se hacen silencios. Cada una recuerda los momentos vividos menos María que se empeña en molestar a los viajeros queriendo mirar por sus ventanillas... Han sido unos días inolvidables. Ya estamos pensando en la próxima escapada. Tal vez Venezuela en verano? Menudo viaje nos hemos pegado. Hasta pronto París!

“París, un regalo para los ojos”
Diciembre de 2000
6,7,8,9 y 10
Sara